Steve Press interpreta a Peter van Daan en la versión de Broadway del diario de Ana Frank.

800 veces Peter van Daan

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Steve Press actuó en la primera versión de Broadway de la obra de teatro «El diario de Ana Frank». Es uno de los pocos actores de la obra de teatro que aún viven. La obra se estrenó en 1955 y estuvo más de tres años en cartel en Broadway. Steve Press se presentó a una audición en 1956 para hacer el papel de Peter van Daan y resultó elegido. Después de Broadway, la obra realizó una larga gira por los Estados Unidos.

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Steve Press als peter in het toneelstuk
Peter van Daan (Steve Press) con Mouschi durante la representación a Chicago. A la izquierda señora Van Daan (Nan McFarland), a la derecha señor Van Daan (Gil Green).

Steve Press tenía 21 años y acababa de concluir sus estudios de teatro en la Universidad de Nueva York. Intentaba conseguir trabajo como actor, pero no era fácil. Fue pura casualidad que pudiera presentarse a las audiciones para la obra «El diario de Ana Frank»: «Iba rumbo a una audición y me encontré con un conocido que me contó que había hecho de suplente para el papel de Peter van Daan [Peter van Pels] y que luego había pasado a ser titular, pero que Garson Kanin, el director, no quería seguir con él, por considerarlo ya demasiado viejo y desarrollado para ese papel. Estaba buscando a otro. Me recomendó que fuese a entrevistarme con él. Cuando fui, la receptionista me dijo que las audiciones sólo se hacían a través de un agente y yo todavía no tenía. En ese momento pasó Garson Kanin, me vio, miró a la receptionista y dijo: «Déjalo que se presente a la audición.»

«Todos se parecían a mí»

Steve era uno de los 350 jóvenes candidatos para interpretar el papel. Las audiciones fueron para él una experiencia curiosa: «Todos nos parecíamos. Teníamos la misma altura, el mismo aspecto, el mismo color de pelo. Miré a mi alrededor y pensé: ése soy yo, ¡y ése, y ése...! Las audiciones se hicieron en el mismo teatro en Broadway. Steve hizo la suya y le dijeron que volviera unos días después para la segunda ronda. Aquella vez ya había muchos menos candidatos, entre 40 y 50. Luego sólo quedaban 6. Y Steve seguía siendo uno de ellos.

Steve Press oud en jong
Steve Press en 1956 y 2002

Triunfador o perdedor

Al final no quedaban más que dos candidatos. Le dijeron a Steve que pasara por el despacho de Kermit Bloomgarden. Fue consciente de inmediato de la importancia de esa entrevista: «En el teatro eres un triunfador o un perdedor. Te dan el papel o no te lo dan. Es algo que hay que aprender al entrar en este mundo. Con eso en mente, entré en el despacho. Hablamos un poco y entonces me miró y dijo: muy bien, vamos a intentarlo...»

De gira

Steve pasó a formar parte de una compañía integrada por actores que apreciaba mucho: Joseph Schildkraut, Gusti Huber, Margalo Gilmore, Lou Jacobi y Clinton Sundberg. La obra llevaba en ese momento más de tres años en cartel en Broadway. El papel de Ana Frank lo habían interpretado primero Susan Strasberg, luego Deena Dorn y por último Abigail Kellogg. Steve vivió las últimas representaciones en Nueva York, tras lo cual «El diario de Ana Frank» partiría de gira por los Estados Unidos. Le ofrecieron quedarse.

«La gente no hablaba»

No tardó en darse cuenta de que «El diario de Ana Frank» no era una obra corriente: «Cuando hice mi primera función hubo aplausos, como es habitual. Siempre hay aplausos, aunque al público no le haya gustado. Pero cada vez más a menudo se producía un silencio sepulcral en el momento en que se cerraba el telón. Nos poníamos en fila detrás de él, esperando los aplausos, pero lo único que oíamos eran sollozos. Luego oíamos crujidos de los asientos y los golpes que daban al abatirse... y por último a la gente arrastrando los pies rumbo a la salida. Nadie hablaba. Esa emoción del público nos impresionó, una y otra vez.»

Tres clases de público

La gira empezó. Primero viajaron a Los Angeles y San Francisco y luego de vuelta al Este. Las críticas eran favorables. Steve comprobó que existían tres clases de público: «Estaba la generación de gente mayor, que sabía de qué trataba la obra y lo podían relacionar con sus propias experiencias. Luego estaba el público joven, que veía en la obra sobre todo la historia de una familia. Un poco como Anatevka o El violinista en el tejado, que no trata del antisemitismo, sino de un padre y sus tres hijas. Por último, había una tercera clase de público, al que sólo puedo caracterizar de la siguiente manera: Hay una escena en la obra, en la que Otto Frank habla con el señor Kraler. Es un momento de cierta ligereza. De pronto, Otto Frank le dice a Kraler: "¿Acaso hemos empezado nosotros esta guerra? ¿Acaso la hemos empezado los judíos?" Se trata de un chiste y todos se ríen. Pero alguna que otra vez, alguien entre el público exclamaba: "¡Sí, así es!". Nunca sabíamos de antemano dónde nos podía pasar.»

«Perdió el conocimiento»

Para el éxito de la gira era muy importante Chicago. Es la segunda ciudad de los Estados Unidos. Por aquel entonces trabajaba allí Claudia Cassidy, una de las mejores y más agudas críticas de teatro. Lo que ella escribía podía hacer la diferencia entre el éxito y el fracaso de una obra. Steve recuerda perfectamente la primera función en Chicago: «Estábamos tensionados. ¿Aprobaríamos o no? Abigail Kellogg, la joven actriz, estaba tremendamente nerviosa... En una de las escenas, después de pelear con la madre, sube a su habitación y se tira en la cama... En Chicago fue a parar al lado de la cama, golpeándose la cabeza contra el borde, y perdió el conocimiento... Paramos la función enseguida. Se cerró el telón y se llevaron a Abigail del escenario. Tenía un buen chichón en la cabeza. Después de un rato se sintió mejor y retomamos la función...»

La mejor crítica de todas

La crítica de Claudia Cassidy fue demoledora, aunque fue indulgente con Steve: «Steve Press es auténtico en su papel del joven Peter». Él quedó satisfecho con esa crítica: «Para mí fue la mejor crítica que me hicieron. Todos los actores queremos ser “auténticos” en nuestros papeles. Significa que eres creíble. Pero la mala crítica implicó que nos quedamos mucho menos tiempo en Chicago de lo planeado. Representamos la obra tan sólo durante tres meses.»

Un apostolado

Después de Chicago hubo representaciones en ciudades como Washington y New Haven. A continuación, la compañía se desplazó hacia el Sur, hasta Atlanta. Allí en realidad la gira terminaba, pero se produjo un debate sobre una continuación. Steve tiene una explicación: «Todos los implicados lo veían como una tarea especial, como un apostolado. Estábamos haciendo algo importante, de eso estábamos todos convencidos.» Steve recibió una llamada telefónica de Kermit Bloomgarden. «Me dijo: “Steve, quiero que te quedes, porque queremos continuar la gira por el Sur”. La gran gira nacional había concluido, pero querían seguir. Iríamos a ciudades más pequeñas y actuaríamos en teatros modestos. A veces habría una sola función, otras veces dos. Para el elenco esa gira adicional fue una experiencia curiosa. En ocasiones el escenario era muy estrecho y no cabían todos los decorados. Justo antes de la función nos decían qué partes del decorado faltaban.»

Un guión perfecto

Después de la gira por el Sur, el asunto terminó definitivamente. Steve lo lamentó: «No recuerdo dónde fue nuestra última función. De repente todo había terminado. Fue una experiencia increíble. Si uno hiciera una lista de las obras de teatro del siglo veinte, “El diario de Ana Frank” ciertamente figuraría entre las más importantes. El guión de Frances Goodrich y Albert Hackett es perfecto. Opino que la obra reúne todas las condiciones para ser una buena obra de teatro. La he interpretado muchas veces en persona, la he visto a menudo y debo decir que tiene algo muy puro y bonito.»

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