La historia de Ana Frank: La opresión de los judíos
La opresión de los judíos en Alemania comienza cuando Hitler accede al poder en 1933 al frente del partido NSDAP. Las leyes antisemitas hacen imposible para los judíos la vida en Alemania. Muchos huyen desesperados del país.

La opresión de los judíos

Düsseldorf, geschändete Synagoge
Una sinagoga embadurnada en Düsseldorf. Bundesarchiv, Bild 183-N0827-322
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Tras la toma de poder en 1933, Hitler empieza a oprimir a los judíos en Alemania. Los nazis son violentos y les arrebatan sus derechos y medios de vida. Muchos judíos viven con la esperanza de que todo eso es pasajero, pero las actuaciones de los nazis cada vez son más radicales. Tras la Noche de los Cristales Rotos en 1938, queda claro que la vida en Alemania es imposible de los judíos.Desesperados, intentan abandonar el país.

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1933-1935: Gleichschaltung y exclusión de los judíos

El 10 de mayo de 1933, estudiantes partidarios del nacionalsocialismo organizaron quemas de libros por todo el país. El ministro de propaganda, Joseph Goebbels, escucha complacido en la Plaza de la Ópera de Berlín cómo un dirigente de los estudiantes vocifera: “¡Entrega todo lo antialemán a las llamas!” Antialemán es, según los nazis, todo aquello que no coincida con la ideología nazi. Sus mayores enemigos son los socialistas, los pacifistas y los judíos. Por eso,  sobre todo van a parar a la hoguera los libros de Karl Marx, Erich Maria Remarque y Sigmund Freud.

Tras la toma de poder el 30 de enero de 1933, los nazis hacen todo lo que está en su mano para organizar la sociedad según sus ideales. No solo la política, sino también la vida cultural y social en las ciudades y los pueblos están impregnados de la ideología nazi. Este proceso se conoce como Gleichschaltung. La exclusión de los que son considerados enemigos, también forma parte de ese proceso. Los judíos de Alemania son el grupo combatido más enérgicamente. Con ayuda de legislación antisemita, los nacionalsocialistas limitan cada vez más los derechos de los judíos. En ese momento viven más de medio millón de judíos en Alemania. Esto supone el 0,75% de la población total, aproximadamente.

El 7 de abril de 1933 el régimen promulga la ley de la restauración de la administración pública. De esta manera, los nazis pretenden crear un aparato de gobierno leal al régimen. Esto trae consigo el despido o jubilación forzosa de los adversarios políticos y los judíos. Esta ley también afecta a los profesores de universidad, que en Alemania son funcionarios. Los nazis también «depuran» el aparato judicial. A algunos juristas judíos se les prohíbe incluso la entrada al juzgado. En un año, miles de personas pierden su puesto de  trabajo. A pesar de todo, a muchos se les permite conservar su empleo, ya que se hacen excepciones para los veteranos de la Primera Guerra Mundial. Esto indica que el régimen intenta evitar una posible oposición.

También se discrimina a otros grupos profesionales. Se excluye a los médicos y dentistas judíos del sistema del seguro de enfermedad de la seguridad social. Por este motivo, pierden una gran parte de sus clientes. Los actores y escritores no pueden formar parte de los colegios profesionales creados por los nazis. Los nazis también limitan el acceso a la enseñanza. Solo un 1,5 por ciento de los nuevos alumnos pueden ser judíos. Por este motivo, los estudiantes se ven obligados a cambiar de formación o centro de enseñanza. Algunos no pueden terminar sus estudios, a causa de las medidas restrictivas. Las asociaciones y los clubs de deporte, frecuentemente no admiten a miembros judíos. Por eso, los judíos fundan sus propios clubs. Esto fomenta la segregación. Los alemanes y los judíos cada vez se distancian más entre sí.

first-year school children say goodbye to their headmaster and teacher with the “German Greeting”
Los alumnos de primero se dispiden del director del colegio y de la profesora haciendo el «saludo alemán». © Anne Frank Stichting

1935-1938: las leyes raciales de Núremberg y la emigración

A pesar de las leyes antisemitas, en la primera fase de Tercer Reich todavía no se daba una definición clara de «judío». En septiembre de 1935, esto cambia. El día del Congreso del Partido en la ciudad alemana de Núremberg, los nazis divulgan las leyes raciales de Núremberg. En ellas, el régimen define quién es judío y quién no. Alemán es todo aquel cuyos cuatro abuelos sean arios. Es judío, aquel que tenga tres o más abuelos judíos. El que tenga uno o dos abuelos judíos es considerado Mischling («mezclado»).

Las leyes raciales de Núremberg convierten a los judíos en ciudadanos de segunda clase. Los judíos tienen menos derechos, ya que han dejado de ser alemanes, según estos últimos. En adelante, los matrimonios y las relaciones sexuales entre judíos y arios están prohibidos. Por este motivo, cada vez más alemanes sienten la necesidad de demostrar que son puros de raza. Para eso hay un documento disponible: el Ahnenpass (pasaporte genealógico).

Una asamblea multitudinaria de los nazis en el Palacio de los Deportes de Berlín, 15 de agosto de 1935 Collectie Beeldbank WO2 - NIOD

Algunos judíos en Alemania todavía tienen la esperanza de que la situación mejore. Esperan que la legislación ponga fin la arbitrariedad y el acoso. Quizás puedan labrarse un futuro como minoría en Alemania. Además, en 1936, el régimen no emprende ninguna actividad antisemita a gran escala. El régimen nazi quiere evitar llamar la atención negativa durante los Juegos Olímpicos y en un momento en que se llevaba a cabo la ocupación de Renania. Pero la esperanza es en vano. Durante este periodo, los judíos son víctimas de boicots, exclusión y acoso violento.

A partir de 1937, aumenta la presión sobre los judíos para que abandonen el país. Uno de los métodos es la de «arianización» de las propiedades de los judíos. Esto consiste en la venta obligada de las mismas, muchas veces por un precio muy por debajo de su valor. Los judíos han perdido sus recursos y son obligados a pagar, incluso, un impuesto de emigración. Por eso ya no les quedan medios para ganarse el sustento en los países a los que huyen. Por eso, esos países acogen a pocos refugiados. Además, muchos judíos siguen sin querer abandonar el país, porque siguen sintiéndose alemanes, no quieren dejar atrás la vida que han conocido hasta ese momento y tienen miedo a lo desconocido. A pesar de todo, entre principios de 1933 y finales de 1937, unos 130 000 judíos abandonan el país. Todavía quedan 400 000 judíos en Alemania.

A display board with the “Nuremberg Laws”
Un cartel con Leyes de Núremberg. © Deutsches Historisches Museum

1938-1939: la Noche de los Cristales Rotos, detenciones y huída de Alemania

En 1938, el régimen nazi continúa con sus actuaciones antisemitas. Para ello, apenas sufre oposición, ya que los principales cargos de la Administración Pública están en manos de nacionales socialistas fieles al régimen. Los judíos cuyo nombre no es directamente reconocible como judío son obligados a adoptar el nombre extra de Israel o Sara. También se sella la letra «J» en su pasaporte. De esta manera, los nazis recalcan su condición de judíos. Cada vez es mayor el número de judíos que pierden su empleo o su empresa. Otras medidas discriminatorias hacen que ya no sean importantes para la economía alemana.

Tras la Anschluss, la incorporación de Austria a Alemania en marzo de 1938, también los 200 000 judíos austríacos se vieron confrontados con la discriminación nazi. En mayo, los nazis arrestaron a 2000 judíos en Viena para deportarlos a Dachau. Los nazis también detienen a judíos en Alemania. En el marco de acciones contra los llamados antisociales, los nazis detienen en Berlín a más de 1000 judíos. El régimen, además, empieza a exiliar.  Los judíos de  Europa Oriental que no tienen la nacionalidad alemana son expulsados del país. En octubre de 1938, los nazis deportan en dos días a 18 000 judíos polacos.

El 7 de noviembre de 1938, un joven polaco judío dispara y da muerte en París a un diplomático alemán. Quiere vengar de esta manera a sus padres. Esta es una oportunidad de oro para los nazis para organizar una acción antisemita en gran escala. El atentado constituye en este caso más una excusa que un motivo, ya que los planes ya existían. En la noche del 9 al 10 de noviembre, por toda Alemania arden sinagogas. Los nazis destruyen las tiendas cuyos propietarios son judíos. Estos hechos se conocen como la Noche de los Cristales Rotos, refiriéndose a los cristales hechos añicos en el suelo de las calles.

El nombre de Noche de los Cristales Rotos encubre el grado de violencia que los alemanes usan contra las personas. Decenas de judíos murieron esa noche. Por lo menos 25 000 judíos fueron detenidos y encarcelados en campos de concentración. Los celadores los humillan y maltratan. En cientos de casos, las condiciones en los campos de concentración causan la muerte. Los judíos ahora forman la mayoría de los prisioneros. Sin embargo, muchos de los detenidos son puestos en libertad si prometen abandonar el país. Como última humillación, los nazis hacen responsables a la comunidad judía de los desperfectos. Exigen que paguen una indemnización de mil millones de Reichsmark.

Este estallido de violencia deja claro que en Alemania no hay sitio para los judíos. La emigración ilegal aumenta. Hay organizaciones judías de ayuda en el extranjero que prestan asistencia. Sin embargo, sigue siendo importante conseguir visados de entrada en los países de acogida. El Reino Unido consiente en la acogida de 10 000 niños procedentes de Alemania, Austria, Polonia y Checoslovaquia. La mayoría de ellos son judíos. Gracias a este transporte de niños, consiguen sobrevivir a la guerra. Para otros, que no ven la posibilidad de emigrar, la amenaza y la desesperación son motivo de suicidio. Después de septiembre de 1939 y a causa del estallido de la Segunda Guerra Mundial, la emigración es prácticamente imposible. En ese momento, unos 250 000 judíos han huido de Alemania.

La sinagoga de Bielefeld en llamas, durante la Noche de los Cristales Rotos. © akg-images / Hans Asemissen

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